Después de un mes visitando pizzerías de barrio para la guía, la napolitana de La Farola en Villa Crespo se convirtió en mi punto de comparación. La masa, con esa fermentación de 36 horas, aguanta el borde inflado pero no se desarma al levantarla. La salsa de tomate tiene una acidez que se nota, pero la muzzarella la equilibra justo. Lo que más me sorprendió fue la constancia: volví tres veces en el mes y el punto de cocción fue el mismo. Para alguien que escribe reseñas, eso vale más que un local de moda con una buena noche.